Hogar

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Por el trabajo de mi papa viajamos y nos mudamos cada dos años desde pequeña, por lo que no me toco echar raíces en alguna casa o pueblo, esto me ayudo a que iniciara una búsqueda inconsciente sobre mi verdadero hogar.

De las últimas veces que recuerdo llorar por dejar un lugar fue cuando visité Xelha en la Riviera maya, esnorquelear es una de las actividades que más disfruto,  debe ser el contacto con la naturaleza sobre todo con el mar, pues ese día el tour termino y salí con lagrimita en los ojos, como un niño que deja Disneylandia.

Bueno a pesar de que creía tener ventaja de adaptación sobre los demás por tener como constante el cambio en mi vida por las mudanzas y cambio de amistades.

De verdad tuve una depresión post Cancunes jeje, me enamore de ese azul turquesa que presumen esas playas con esa combinación de arena fina y blanca, de lo más hermoso que han visto mis ojos.

Así que este intenso sentir me hizo cuestionarme si mi hogar debería estar en esa playa o donde más podría estar.

Amo a mi familia, pero pasa como si instintivamente supiera que hay más lazos que me unen con más gente. Y no es que precisamente hubiera una búsqueda como tal, sino como una certeza de que todas las relaciones son pasajeras, como si me cuestionará a donde pertenezco…

Mi hogar lo empecé a reconocer cuando podía  perder mi vista en el inmenso cielo estrellado por las noches, cuando podía observar inmensidad  y ver mi pequeñez al mismo tiempo.

Me pasaba también cuando podía entrenar mi cuerpo, rebasar mis propios límites,  la magia de cuando mente y cuerpo trabajan en armonía aparece una sensación de bienestar que parece ir más allá de todo tiempo y espacio.

Cuando dejaba de ser la pequeña yo  y me podía convertir en el todo.

Es como haber visitado el paraíso, simplemente lo reconoces cuando lo vuelves a experimentar, no hay necesidad de ver un letrero que diga bienvenido o te estábamos esperando jeje simplemente lo vives.

Así es para mí cuando descubro lo que llaman experiencia del silencio, la no mente, el ascendente, el estado natural del ser humano, la no identificación con el pensar  y sentir.

El Yo soy…

Ser capaz de experimentar la belleza de la existencia, no importando como se presenten las circunstancias externas.

Es como vivir enamorado de ese paraíso interno, todo se llena por sí solo de vida.

El hogar se me presenta como un estado de consciencia, deja de ser un recuerdo una añoranza, para experimentarlo aquí y ahora.

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